miércoles, septiembre 12

>>¿Cambio o Revolución Cultural?

Estamos viviendo grandes transformaciones estructurales en la vida de la nación. Las instituciones que dieron rumbo a la vida política de nuestro país— formadas por caudillos revolucionarios hasta la llegada de los modelos económicos neoliberales—tienen el reto de adaptarse a una sociedad más participativa en un entorno económico globalizado. Consolidar una cultura competitiva para sobrevivir el libre comercio en búsqueda de mejores oportunidades es una realidad, situación que exige a las empresas mexicanas y al sector público ser emprendedores, creativos e innovadores para poder ocupar un lugar protagónico en el nuevo mileno.

Ante este entorno, diversas instituciones de la administración pública enfrentan una crisis de credibilidad en su branding. La constante de este fenómeno es la falta de una cultura que propicie un entorno dinámico basado en romper los tabús que tienen rehén a los políticos por medio del dialogo y la construcción de acuerdos.

Un común de denominador son los sistemas y procesos que imperan en la vida organizacional, el cual representa el 80 por ciento del reto a vencer. El restante 20 por ciento se debe co-responsabilizar al liderazgo que esta al frente a las organizaciones y al recurso humano. Sin embargo, el 80 por ciento de ese 20, es responsabilidad de las personas con puestos de relevancia que siguen conduciendo la función pública en base a un modelo parchado que han logrado hilvanar varias generaciones y ha adquirido forma, pero el cual ha sido rebasado por caprichos de grupos políticos.

Los políticos están cambiando el esquema de trabajo de un modelo que aspira cada vez más a ser ciudadano a un modelo de control, claro en mascarado con etiquetas de transparencia y justificado por “la falta” de confianza en las autoridades, como es el caso del Instituto Federal Electoral (IFE). Para construir y consolidar organizaciones públicas eficientes y modernas debemos remplazar el poder con la facultad de otorgar responsabilidad a las personas. Las organizaciones emergentes deben de crear o adoptar una cultura de trabajo basado en la cooperación mutua y la responsabilidad. No sólo es obligación del las cúpulas sino también del personal. Aquí es donde se aquilata la necesidad de una Reforma Electoral, ya que de este modo se disminuirían de manera significativa las pugnas políticas y se propiciaría un interés mayor por el progreso de nuestro país. La tarea de generar y orquestar que los distintos grupos dialoguen y produzcan acuerdos es de todos: la iniciativa privada, el gobierno, la sociedad civil y desde luego, empezando por uno mismo.
No hay secretos: Para fijar rumbo y caminar hacia adelante debemos generar acuerdos públicos y transparentes con el propósito de transformarlos en energía productiva, para salir adelante, forjando un camino por agentes de cambio y lideres que estén concientes de conflictos de interés, generar valor real para la sociedad y demostrar capacidad probada para detectar oportunidades que beneficien a la revolución cultural y no sólo al cambio.
Publicar un comentario