sábado, diciembre 2

>>La importancia de ser competitivos

El Siglo XX fue un siglo corto, declaró memorablemente el historiador Inglés Eric Hobsbawn. Se habló del paso a un mundo multipolar, extraña cabeza de la hidra en la que, además de Rusia y los EE UU, la Comunidad Europea, América Latina, África y Asia serían nuevos centros de poder. La realidad fue otra: del mundo bipolar pasamos al mundo unipolar, dominado, desde Washington, por una sola gran potencia.
Se habló del triunfo de la globalidad, basada en un mercado mundial de prosperidad creciente y valores económicos, políticos y culturales identificados con la democracia, portadora de valores resistentes a la uniformización, y de culturas como fuerzas visibles que darían voz a las agendas pospuestas por medio siglo de guerra fría.
El Siglo XX Mexicano tuvo características peculiares, se inicio con una revolución social - la primera en el mundo – y con una carta magna que fue considerada la más bella de sus tiempo. En materia económica se pasó del Milagro Mexicano al Desarrollo Estabilizador y de ahí al modelo neoliberal. La Globalización comercial en México ha logrado consolidar más de 30 tratados de libre comercio con países desarrollados y altamente competitivos, pero algunos de ellos con demasiadas desventajas comparativas, situación que exige de manera categórica ser más competitivos para poder ocupar un lugar protagónico en la nueva orquesta de las naciones.
Pero en un marco internacional, en el que la palabra “Competitividad” adquiere una connotación distinta a ésta la entendemos, como la capacidad de ofrecer un ambiente de alta productividad a bajos costos, así mismo, la tarea de generar estrategias que fomenten condiciones de alta competitividad en todos los planos de la vida social le corresponde a tres instancias de manera específica: al Estado, a la iniciativa privada y a la sociedad civil.
En México, muchas empresas están sufriendo una crisis en la cultura laboral, y todo esto se deriva de las inexactitudes de la legislación mexicana en el tema laboral y que provoca que la cultura del corporativismo posrevolucionario siga manteniendo ciertos niveles de rigidez en las estructuras al interior de las empresas, es decir, el problema parte de cómo entendemos y visualizamos a las organizaciones en la actualidad.
El no haber podido lograr la tan anhelada Reforma Laboral en México ha generado que algunos Directores y Ejecutivos sigan conduciendo a sus trabajadores en función de un modelo que ha sido rebasado por su propio tiempo y sus propias circunstancias, que en gran medida han sido impuestas por el modelo económico que impera a nivel mundial y que exige pasar de un esquema de trabajo autoritario y de control a un modelo de conocimiento.
Aquí es donde se aquilata la necesidad de una reforma laboral, ya que de este modo se disminuirían de manera importante las pugnas políticas clásicas del sindicalismo mexicano y se propiciaría una preocupación mayor por el progreso tecnológico, que como bien sabemos, en una función de producción del modelo neoclásico, la información que propicia un mejoramiento en el proceso productivo es inherentemente un forma no sólo de consolidar el poder de la empresa, sino de incrementarla, ya que al propiciar mejores esquemas de información y partiendo de la premisa de que la información es poder citando a Peter Drucker podemos decir que: “El poder viene de transmitir información con el fin de hacerla productiva”.
La nueva cultura laboral de altos rendimientos debe basarse no sólo en tener capital, sino generar conocimiento. Se debe entender que trabajador – Empresario es un binomio fundamental que debe ir de la mano para generar niveles importantes de competitividad microeconómicos que nos conducirán a niveles más altos de competitividad a nivel macroeconómico y que a su vez se traducirá en un mayor respeto hacia nuestro país por parte de sus socios comerciales.
No hay más secretos: Para ser competitivos en el mercado laboral debemos procurar un aumento en nuestro stock de conocimientos, forjando un perfil que este conformado por un liderazgo que se condicione al manejo de la presión, templanza cuando la situación se sale de contexto, capacidad para sintetizar los recursos del proceso productivo para detectar todas las oportunidades de crecimiento.
Por eso es importante conocer el nivel de competitividad, para saber en que piso estamos parados y cuáles son los aspectos que se deben corregir, para que de manera individual se contribuya a un cambio positivo en el patrón de desarrollo de una nueva cultura laboral que va de la mano con la competitividad y el desarrollo económico de nuestro país.